UN POSIBLE OCÉANO AZUL PANAMEÑO EN TRANSPORTE PÚBLICO
Luis Pumarada, Doctor en planificación de sistemas urbanos
¿Entonces qué? ¿Abandonar el prometido metro para enfrentar protestas de usuarios y electores, además de amenazas de buseros? ¿Emitir bonos por más de mil millones para un sistema que a nivel integrado no brinde tan buen servicio, además de comprometer cientos de millones anuales entre subsidio y servicio de deuda por décadas? ¿Porqué mejor no crear en Panamá un nuevo océano azul?
La estrategia del océano azul (Kim y Mauborgne) es un valioso libro que detalla una estrategia con la cual una empresa puede saltar de lo rutinario y competitivo a la creación de un producto innovador que no tenga competencia. Al mercado competitivo, en el cual las empresas luchan por aumentar sus porciones usando estrategias similares, lo denomina océano rojo. Absortas en su mundo y atadas por la referenciación (benchmarking), éstas no miran más allá. El resultado es que, si lograsen crecen, sería poco y a gran costo.
La
estrategia de océano azul se basa en ofrecer al comprador un mayor valor a
menor costo. Parte de que las fronteras del mercado y la estructura de la
industria no están dadas, sino que ambas se pueden redefinir
ventajosamente. La obra incluye varios ejemplos del sector privado, tal
como la creación de iTunes Store al inicio de la tendencia de bajar
canciones de internet en vez de comprar CDs. Presenta igualmente ejemplos
de aplicación al sector público, uno de ellos la transformación de la
policía neoyorquina en los 1990s y la drástica reducción en criminalidad que
resultó de ésta.
Pudiera también haberse dado como ejemplo la creación hace 35 años, en Curitiba, Brasil, del sistema que viene revolucionando al transporte urbano masivo: rutas troncales de BRT (transporte rápido por buses) complementadas con rutas alimentadoras, expresos y transversales. Originalmente, la ciudad decidió usar troncales de metro como base de un sistema de transporte que permitiera al usuario trasladarse rápida y cómodamente a cualquier parte de la ciudad mediante una tarifa única y baja, aumentando su movilidad y capacidad de trabajar donde más le conviniera. Al comprobar que el costo del metro era excesivo y su accesibilidad y longitud relativamente limitadas, Curitiba obró igual que las empresas pioneras de lo que hoy se viene a llamar océanos azules, y redefinió las reglas. Buscó un producto que retuviera la esencia de la efectividad del metro, desechando a la vez sus componentes más costosos y menos importantes para su función.
¿Adoptado? Un vehículo climatizado con capacidad comparable a la de un par de vagones de pasajeros pero capaz de transitar por calles urbanas comunes, con varias puertas anchas para acelerar la entrada y salida de pasajeros; estaciones con cobro al entrar, y pisos al mismo nivel que las puertas de los vehículos. El uso exclusivo de un carril de una avenida existente, equivalente al usado por los buses corrientes que desplazaría, les permitiría moverse muchísimo más rápido que los autos en las horas pico, y de paso atraerse un número significativo de conductores y por lo tanto reducir la contaminación vehicular total. ¿Desechado? Los rieles, túneles y/o plataformas elevadas-- remanentes del pasado ferrocarrilero de sus países de origen--que hubieran aumentado su costo más de 1,000 por ciento para lograr un mísero 20 por ciento adicional en velocidad efectiva en la troncal. ¿Resultado? Un océano azul: un sistema sumamente exitoso, estudiado y copiado globalmente que contribuyó a que la ciudad se haya convertido en un modelo socio-urbanístico mundial. Un 20% de conductores dejan sus autos en casa para usarlo, y Curitiba tiene uno de los aires más limpios de ciudad alguna en Brasil.
¿Desventajas del nuevo sistema? A menos que se instrumenten dos carriles por dirección como en Bogotá, la capacidad de las troncales BRT es menor que las un metro pesado, aunque totalmente adecuada para ciudades de unos tres millones de habitantes. La contaminación por los vehículos BRT de diesel en las zonas centrales es mayor que si hubiera metro. Si se usaran vehículos BRT eléctricos, como en el centro histórico de Quito, se reduciría su ventaja en costo sobre un metro, y los cables tendidos sobre sus carriles serían contaminación visual, aunque mucho menor que la que produciría un monorriel o un metro elevado. Mientras que el metro desplaza los buses actuales en las secciones de avenidas bajo las cuales se desplazan sus trenes subterráneos sin él ocupar ningún carril de tráfico, los carriles exclusivos del BRT sólo compensan por los liberados del uso de buses corrientes. Por otro lado, comparando sus respectivos precios, el usar BRT liberaría fondos que se podrían usar para realizar mejoras viales significativas que beneficiarían el tráfico vehicular en dónde más se necesite. Sin embargo, la filosofía detrás del transporte público es que ese carril exclusivo transporta mucha más gente que los varios carriles de autos privados, y mueve personas que en su gran mayoría no pueden escoger si van lentamente en auto o velozmente en BRT.
Comparando
los sistemas integrados con troncales BRT con los equivalentes que usan
metro, se hace patente que los de BRT tienen otras ventajas importantes
además del costo. Lo primero es que la ventaja de velocidad de los trenes
urbanos, ya corran sobre o bajo las avenidas, se esfuma al comparar los
sistemas completos y las necesidades de los usuarios. La transferencia
entre los vehículos BRT y los alimentadores es instantánea, cruzar un andén
de 3 metros, versus subir o bajar, dependiendo de si el metro es elevado o
subterráneo, dos o tres niveles de escaleras o elevadores y caminar decenas
de metros. Las estaciones troncales BRT se erigen cada 500 metros y no cada
1000, por lo que en promedio al usuario le reducen a la mitad la distancia y
el tiempo de su diario recorrido a pie: una ventaja que resulta enorme para
los ancianos y discapacitados, y para todos en días de lluvia. Como las
troncales BRT cuestan aproximadamente una décima parte por kilómetro que las
de metro, las primeras se hacen más largas, reduciéndose así el recorrido y
el tiempo que los usuarios lejanos harían en buses alimentadores, más lentos
y contaminadores. Por tener sus vehículos la mitad de la capacidad de un
tren de varios vagones, éstos llegan a las estaciones al doble de frecuencia
que los trenes, reduciendo los tiempos máximos de espera en hora pico hasta
menos de dos minutos en algunos sistemas. Por todas estas razones, un
usuario de sistema integrado con troncales de BRT puede llegar más rápido y
descansado desde la puerta de su casa en la periferia hasta una tienda o
lugar de trabajo en el centro que el de un sistema similar pero con
troncales de metro, aunque en sí éste sea más rápido.
Pero eso no es todo. Como las estaciones de BRT son de paredes transparentes y están justo en aceras ensanchadas o isletas centrales de avenidas, toda su área queda a la vista de los transeúntes y de la policía. Sin embargo, las de un metro requieren vigilancia policial exclusiva todo el tiempo que estén funcionando, y siempre quedan pasillos y esquinas que reciben poca o ninguna vigilancia. Con lo que cuesta una sola línea de metro, se hace todo un sistema integrado en torno a varias líneas de BRT, y eso en la mitad del tiempo, con menos tranques de construcción, e incluyendo mejoras vehiculares y peatonales en los corredores. Con lo que costaría completar una línea de metro adicional, se podría mejorar el entorno y la vialidad a nivel urbano, compensando por el carril de tráfico de algunas avenidas que se toman algunas rutas de BRT. La reducción de rutas alimentadores también beneficia a los conductores en las áreas periféricas. Por su bajísimo costo operacional, que es menor por pasajero-kilómetro aún que el de los buses corrientes, un sistema basado en BRT puede operar con precios bajos con poco o ningún subsidio gubernamental, una cantidad que sería necesariamente enorme para metros en países de bajo ingreso promedio. En Quito y Guayaquil el cuara que se deposita un al entrar a la estación (Ecuador también está dolarizado) cubre todo ese costo.
El mayor obstáculo para la adopción de troncales BRT es su imagen: simplemente que sus vehículos se parecen demasiado a un bus--no sus desventajas prácticas, que resultan casi insignificantes ante un razonamiento de costo/beneficio. En el campo competitivo, además, influye bastante el que debido a su costo tan bajo y la disponibilidad casi global de su tecnología y componentes, el BRT no cuenta con empresas gigantes ni marcas famosas que, respaldadas por sus gobiernos de G-7, vengan a convencer a entidades y políticos de que compren su costosísimo producto aunque se perjudiquen enormemente los presupuestos y costos de la deuda pública de ciudades y países. Un punto de venta de esas empresas es el gran número de ciudades grandes y modernas que tienen sistemas a base de rieles. La razón para ello no es una superioridad absoluta de los sistemas a base de rieles, sino el que estos sistemas existen desde hace siglo y medio y no tuvieron competencia hasta que el BRT curitibano se empezó a copiar después de décadas de gran éxito. A pesar de su similitud con el bus, la asociación de los rieles con la modernidad, y los manejos competitivos no siempre legales de las grandes empresas, en los últimos 15 años se han inaugurado unos 40 sistemas BRT en todas las latitudes. Varios de ellos vinieron a sustituir lo que originalmente se había planeado como rutas adicionales de rieles.
Con
un sistema basado en metro también habría ganadores: los que van a, o viven
en, puntos a menos de 300 metros de las estaciones del par de rutas de metro
que existan--después que no se les haga problema pagar la tarifa. Ganarían
satisfacción quienes, lo usen o no, se sientan primermundistas por saber que
eso corre por allá debajo. También se beneficirían aquellos que manejan
autos propios por la misma ruta del metro hasta su última estación. Quienes
más ganan, por supuesto, son las empresas que los construyen y ensamblan,
así como los bancos que presten o manejan las transacciones y emisiones
millonarias de bonos, y tal vez alguno que otro corrupto que logre salirse
con la suya.
¿Entonces qué? ¿Abandonar el prometido metro y enfrentar protestas de usuarios y electores desconocedores, además de las amenazas de algunos buseros? ¿Emitir bonos por más de mil millones para un sistema que a nivel integrado no brinde tan buen servicio, aparte de gastar cientos de millones anuales entre subsidio y servicio de deuda? ¿Porqué mejor no crear un océano azul panameño, con un sistema que combine ambas tecnologías aplicando a cada una donde resulta más ventajosa?
Las ventajas principales del metro son no confligir con el tráfico y reducir la contaminación. Su principal desventaja es el costo por kilómetro, además del tiempo hasta que inicia operaciones y la distancia entre estaciones. Si se erige una línea corta de metro de forma circular en la zona de mayor congestión y contaminación, no tendría que ser tan rápida y podría tener estaciones más cercanas una a otra. Esta línea y sus estaciones servirían como un hub para un número de rutas radiales de BRT recorriendo avenidas mejoradas, las cuales conectarían en la periferia urbana con rutas de buses alimentadores. Los corredores servirían a buses expresos que, sin hacer parada alguna ni conllevar costo adicional, conectarían directamente los terminales periféricos con los del centro y el anillo de metro Los vehículos BRT no entrarían así al centro urbano, y su uso se limitaría a donde mayor es su ventaja sobre el metro. Así se estaría aprovechando lo mejor de cada tecnología dentro del problema que presenta la escasez de vías arteriales adecuadas, principalmente en el centro de la ciudad.
Las combinaciones existentes de metro con BRT han sido, como en México DF, Medellín y Sao Paulo, líneas de BRT que complementan sistemas anteriormente establecidos de metro o sustituyen líneas planeadas de metro que se abandonan por presupuesto. Hasta donde sé, no se ha planeado en ningún lugar un sistema combinado que saque de esta manera el máximo de cada tecnología. Aunque habría que resolver la interconexión provisional de los terminales de BRT durante el lapso de tiempo entre terminarse esas troncales y el comienzo de operaciones del anillo de metro, al realizar esta combinación se estaría creando otro océano azul, uno panameño.