LA CINTA COSTERA                                                       4/7/09

Rodrigo Mejía-Andrión

Criticar es fácil. Crear difícil. El miércoles temprano caminé la Cinta Costera con  satisfacción pues recibí grata impresión. La ciudad ha ganado mucho y ha sido beneficiada  la propia comunidad con este nuevo espacio público del cual ha comenzado a apropiarse. Amanecía y ya había  caminantes,  ciclistas, algunos trotaban, otros corrían con niños, y no faltaban quienes  botaban la basura al suelo como “buenos” panameños; aunque hay que reconocer que caminé kilómetro y medio antes de encontrar recipientes para basura.

También encontré caca de perro bien fresquita, en plena acera, como si fuera tan difícil mover el can hasta la grama. Lo ideal sería que el dueño del perro y, por tanto, dueño también de su caca, recogiera este oloroso “producto”, pero ya no seríamos panameños,  los que nos creemos limpios por bañarnos con frecuencia.

Encontré demasiada grama, sin duda debido a que decían que habría demasiado hormigón y poco verde. Vi gente que cruzaba los cuatro nuevos carriles y pasaba por el césped, lo que pronto será un trillo y luego mucho lodo. La hierba no es útil para caminar, necesitamos superficies duras. Nos faltan plazas.

La propuesta inicial que preparó Alianza Pro Ciudad contemplaba mucha más área de relleno que la actual, pues proponía un pequeño bosque al lado del mar, eliminado por aumentar el relleno, el rubro más costoso. Mi concepto de área verde son árboles de sombra con suelos permeables, no césped.

Se criticaba la cantidad de estacionamientos. Los justifico plenamente. Cuando cerca de las diez de la mañana pasee nuevamente por la Cinta, esta vez en auto, encontré llenos los estacionamientos con cientos de vehículos, además  decenas de muchachos jugando basket ball  y docenas de niños haciendo maromas en columpios y redes. Eran cientos de residentes disfrutando del espacio. Esta vez disfruté de las hermosas fuentes que tanto añora nuestro clima.

Me parecieron muy apropiadas las aceras con baldosas de variados colores, buen ancho, sin obstáculos, salvo una entrada para autos que la cortaba en un cruce; la ciclovía adecuada. Faltan basureros, por lo menos uno cada cincuenta metros y algunos policías de turismo, como me lo hizo notar el Dr. Arístides Royo quien, con su esposa, también disfrutaba del ambiente marino.

El paseo desde la Avenida de los Mártires hasta Punta Paitilla, se logra  con plena fluidez. Las curvas son adecuadas, los retornos muy cómodos y los cambios de un grupo de carriles al otro, se logran con toda facilidad. El apuro por inaugurar impidió un buen acabado: piezas sueltas, hormigones pobres, puentes con pisos rugosos. Necesitamos puentes desde los edificios a la calzada peatonal. Faltó supervisión de la empresa e inspección del MOP. Sobraron apuros.

No nos hagamos ilusiones de que se acabaron los tranques, pues esta nueva vía se saturará pronto. Mientras no logremos un sistema de transporte digno y eficaz, que elimine miles de vehículos, no cesarán los tranques, los tapones, las colas, para decirlo en varias versiones del mismo problema. No podemos esperar al metro pues la ciudad se colapsa cada vez con más frecuencia.

El autor es arquitecto.