La Prensa, jueves 28 de septiembre de 2006
REFLEJOS OSCUROS Y TORTUOSOS.
La ciudad es como un espejo donde la realidad y sus
pobladores se reflejan. En el de la
ciudad de Panamá se destacan reflejos oscuros y tortuosos denotando el estrés y
la agresividad generada en los embotellamientos; reflejos tenebrosos que
muestran la inseguridad de la población; reflejos rojizos resultado de la
angustia por el pésimo servicio de transporte público; reflejos como de barro,
efecto de las inundaciones. Los reflejos más oscuros, casi negros, evidencian
la inequidad, la pobreza y la discriminación junto a los que revelan la
desesperación de la población, especialmente de los más jóvenes, por la falta de
parques y lugares de ocio.
No hay duda, el espejo evidencia un déficit de ciudad; un
inadecuado sistema de transporte público, escasa y mal planificada red vial,
ausencia escandalosa de espacios verdes y públicos, inundaciones, inseguridad
ciudadana, contaminación visual, atmosférica y auditiva, amén de segregación
espacial y déficit habitacional.
Esto ha sido el resultado de años de tolerar que el
capital, a través de promotores, constructores y funcionarios inescrupulosos
"desarrollen" la ciudad, asegurándose el mayor lucro posible, en
detrimento de la calidad de vida de los ciudadanos. El déficit de ciudad es
resultado de una larga cadena de males, por no decir de complicidades
bochornosas entre gobernantes, inversionistas y funcionarios que, desde los inicios
de la República, entre otros desmanes, han permitido la construcción de
proyectos de excesiva densidad en zonas centrales y de bajísima densidad en la
periferia de la ciudad, han impulsado la segregación espacial y la ausencia de
áreas verdes de uso público, así como la modificación e incumplimiento de las
normas para lograr su propio beneficio, degradando así cada vez más la calidad
de vida de los habitantes.
Es al Estado a quien corresponde impulsar con las tierras
públicas y con las regulaciones sobre las privadas, proyectos que aporten al
diseño sustentable del hábitat evitando que se actúe en la ciudad
exclusivamente desde una lógica mercantil.
En esta coyuntura en que se deciden proyectos como el
sistema de transporte público, el saneamiento de la bahía y la cinta costera,
se debería incluir otros temas claves como las densidades y alturas permitidas
en zonas como Clayton, la Ave. Balboa, San Francisco, Punta Pacífica y la
calzada de Amador. Además de impulsar la creación de espacios y áreas verdes de
acceso público y gratuito, elementos indispensables para impulsar una sana vida
urbana. Pero lo fundamental es que para estas y otras iniciativas similares, es
impostergable que las autoridades -actuales y futuras- organicen procedimientos
para convocar concursos nacionales de anteproyectos que aseguren procesos
transparentes, democráticos y participativos, donde los ciudadanos y las
instituciones públicas y privadas puedan consensuar un proyecto conveniente
para la ciudad, luego del análisis y selección de aquellos que consideren los
intereses en juego y privilegien el interés público.
Además, es más que prudente recordar que frente a la
inminente posibilidad de que se realice la ampliación del Canal, es inaplazable
adelantarse a la segura ola de inmigrantes que recibirá la ciudad, y planificar
un crecimiento racional de las infraestructuras básicas y servicios,
particularmente los de agua potable amén de corregir los problemas ya
mencionados, antes de que la situación sea dramática.
Hoy, más que nunca, se requiere restablecer los valores
de las instituciones democráticas, para proponer y definir el futuro de
nuestras ciudades. Y para eso debe darse el tiempo para las discusiones, el
debate y el consenso, recuperando el respeto y la participación de todas las
instancias sociales, incluyendo a las minorías, para construir un futuro
sustentable.
Recordemos que es la ciudad el espacio de participación
cívica democrática por antonomasia. Lo ciudadanos debemos exigir un espacio de
participación para crear una ciudad donde el entorno infraestructural, cultural
y cívico permitan que florezcan la innovación, la eficiencia y el aprendizaje,
pero especialmente donde exista un real compromiso por evitar la exclusión, la
marginación y la violencia. Así lograremos en ese espejo de la ciudad, reflejos
de ciudadanos comprometidos con la solidaridad, la tolerancia y el respeto a la
dignidad humana de todos los habitantes, logrando que nos sintamos orgullosos y
olvidemos la vergüenza que nos causa la inequidad y el caos actual.
La autora es arquitecta