Hagamos de la Ciudad de Panamá una Ciudad Verde para Vivir

Azael Barrera

Físico

 

El año pasado en el día Mundial del Medio Ambiente sesenta alcaldes del mundo adoptaron los Acuerdos Urbanos de Medio Ambiente para mejorar el ambiente urbano y hacer de sus ciudades una Ciudad Verde.  Nuestra ciudad capital no está entre las ciudades comprometidas, pero podemos hacer que lo sea.

 

Nuestra ciudad está desbocada, crece con supuestos controles pero que se alteran según la oferta.  Debemos todos controlar este tipo de crecimiento urbano y minimizar la huella del concreto en el espacio urbano y que el ambiente urbano que se construya esté integrado totalmente con los entornos naturales sin dañarlos.  Hay que hacer un alto y no fomentar ni otorgar permisos de construcción a proyectos que acabarán con nuestra salud ambiental urbana.

 

Detener la destrucción de la ciudad y cambiar el rumbo de su desarrollo ocasionará costos para la ciudad, pero a la larga los beneficios sobrepasarán las pérdidas. Las ciudades que se compromentan con aquellos Acuerdos podrán tener acceso a recursos financieros para llevarlos adelante.

 

Los Acuerdos Urbanos de Medio Ambiente son 21 acciones concretas para mejorar el ambiente urbano en los sectores de energía, reducción de desperdicios, diseño y planificación urbana, la naturaleza urbana incluyendo parques y vida silvestre, el transporte y reducción del tráfico urbano, salud ambiental, y acceso, conservación y reducción de las pérdidas de agua potable.

 

En planificación urbana, por ejemplo, los planes de desarrollo urbano deben hacerse con una amplia participación y aportación ciudadana, y no limitar ésta a un puñado de personas.

 

Deberá haber un parque amplio y verde con plenitud de árboles, como el parque Urraca o mayor a no más de 500 metros de cada residente capitalino. Hay que crear amplios espacios verdes en barrios con altísimos desafíos socio-económicos como Calidonia, Curundú y el Chorrillo.  En una Ciudad Verde se crearían  empleos “verdes”; en jardinería, floricultura y silvicultura, y otras ramas laborales.

 

Evitemos las iniciativas descoordinadas que invitan al fracaso al desarrollar espacios abiertos. Hay una Comisión Municipal sobre desarrollo urbano en donde la participación y voz ciudadana son microscópicas.  Vemos convenios para desarrollar parques por entes gubernamentales y académicos pero sin la participación ciudadana.  ¿Dónde se acoge la voz de quienes atesoramos los parques y bosques urbanos?

 

Por ejemplo, la cinta costera se le ha planteado a un limitado círculo de ingenieros, arquitectos y empresarios puede terminar siendo un “cintillo” verde rodeado de autopistas públicas o de prepago y acordonado con “localcitos” comerciales de lujo.  Muchos han expresado seria preocupación con este proyecto; encierra y aisla la ciudad de su entorno natural: la bahía.  Esta “cintillo”, en primer lugar, no debe ser excusa para eliminar el parque Urraca ni para encerrar los parques Anayansi y Balboa. Deberíamos tener veinte parques Urracas.  Y en segundo lugar, la creación ficticia de espacios verdes en la ciudad no debe ser excusas para que los desarrolladores inmobiliarios se muden entonces al norte para acabar con los espacios verdes que quedan en las áreas revertidas.

 

Aprendamos y adoptemos todos el principio fundamental de esos Acuerdos y hagamos de nuestra ciudad capital una Ciudad Verde para Vivir.

Panamá, 25 de octubre de 2006

Contacto: azaelbarrera@yahoo.com