Publicado en Diario La Prensa, 10 Septiembre pagina 9A

Publicado en Democracia Digital Edición del 1 al 7 Octubre 2003.

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A contravía

 

Magela Cabrera Arias

 

 

El urbanismo y la arquitectura de hoy han llegado al desastre y a la desvergüenza. En Panamá, pareciera que las relaciones entre entorno urbano y paisaje han desaparecido del programa de acción arquitectónico de algunos profesionales, al tiempo que se consuma una entrega del espacio público en manos de lo privado. En este doble abandono se originan los defectos y deformaciones de la ciudad.

 

Recuerdo de niña que la municipalidad de la ciudad de Quito en un intento por promover el turismo lanzó un lema que rezaba así: “Quito, ciudad para vivir”. Casi de inmediato el, siempre, fino humor de los quiteños modificó la frase, convirtiéndola en: “Quito, ciudad para vivir muriéndose de las iras”.  Esa frase expresaba la indignación de los ciudadanos ante la perdida de la calidad de vida en la ciudad resultado de la ausencia de una política urbana racional. Afortunadamente para los quiteños, pausada pero consistentemente, las autoridades responsables han ido ejecutando las obras necesarias para hacer de Quito una ciudad digna de un slogan como ese.

 

En Panamá, por el contrario, parece que las autoridades van a contravía de lo que exigen   electores, sectores profesionales y sociedad civil y han olvidado que la ciudad es de los ciudadanos y no de los empresarios. El clamor de los ciudadanos que exigen se impida la construcción de la fatídica rampa de acceso al Multicentro, ha sido desoído. La SPIA, la Junta Comunal de San Francisco, la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana y ciudadanos de a pie que formaron la cadena humana, han expresado su justa indignación ante esa construcción que afectará gravemente uno de los recursos paisajísticos mas valiosos de la ciudad: la Bahía de Panamá. Inclusive, pareciera que las autoridades no han considerado siquiera el diseño alternativo presentado por un grupo de arquitectos consistente en un acceso subterráneo que evitaría el impacto negativo en el paisaje.

 

Estamos hablando de la ciudad de todos, que debería ser construida y modificada considerando que es un organismo vivo y extremadamente delicado cuyo futuro debe decidirse democráticamente. Es un asunto que va mas allá de aspectos legales que, según afirmaciones de los entendidos en la materia y publicadas en el diario La Prensa, han sido vulnerados. Tal es el caso de un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) de categoría I, que excluye una consulta ciudadana que seguramente hubiese sido adversa a la construcción de la rampa; y el asombroso canon de arrendamiento que desestima un avaluó catastral del fondo marino elaborado por la Contraloría en 1996 y que establece un valor de mil dólares el metro cuadrado. Se está perdiendo de vista que la ciudad es una de las mejores creaciones del ser humano; representa el desarrollo de la civilización y la evolución de la convivencia humana. ¡Basta de anarquía!, una adecuada planificación de la ciudad implica la búsqueda de relaciones adecuadas entre el sector publico y el privado y entre las autoridades y los miembros de la comunidad, incrementando la participación de los ciudadanos en la evaluación de los problemas y en las decisiones que se tomen para resolverlos .

 

Hace pocos años el Casco Antiguo y muy recientemente la Ciudad de Panamá La Vieja han sido declarados por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad; pareciera que algunos hacen todo lo posible por que nuestra actual Ciudad de Panamá jamás alcance ese merito y, por el contrario, se convierta en una ciudad sin sabor y sin memoria que lleve a los capitalinos a que se nos desvanezca esa pasión por el terruño.

Es imperativo superar el modelo de urbanismo desarrollista imperante en Panamá que deja el diseño de la ciudad en manos de los promotores.  Debemos partir del caos actual reflexionar y mirar la realidad con ojo critico y aprender a proyectar nuevamente nuestros barrios, nuestras ciudades nuestro país y posiblemente también nuestro planeta.

El reconocido urbanista Catalán Jordi Borja expresa a cabalidad lo que representa la ciudad   “......históricamente ha sido el lugar privilegiado del desarrollo del comercio y la industria, del avance de la ciencia y la cultura y de la expresión de las libertades publicas y los derechos civiles. Es en las ciudades donde reside el mayor potencial de innovación técnica y de progreso social. En ellas se encuentran nuestras debilidades y nuestros recursos”.  Me pregunto, ¿seremos capaces los panameños, en esta ocasión, de mostrar nuestra sabiduría y fortaleza para resolver la contradicción: interés privado vs. interés publico?